September 21, 2008

Gazpacho del pintor trabajando

 Una obra de Javier Fernández de Molina

Tomates muy maduros, corta y pela, tritura. Rojo.

El pimiento verde. Pan mayor, hueso, tierra.

La sal gorda y la sal fina, cristales rotos hacia el interior.

Oro viejo en el aceite para mudez del brillo.

Nieve deshecha del pepino, peladuras, desnudez y agua multicolor.

Dedos ojos, manos labios lengua, respiración.

La sencillez ámbar del ajo, alojándose.

Lo que remueve un hombre agachado cerca de la tierra.

 

El cuenco incoloro, la cuchara invisible. Invitación.

 

VÍCTOR M. DÍEZ

La escritura araña

 La columna de Víctor M. Díez

La escritura araña 

    Escribo sin carnet, a toda velocidad, sin respetar el código y, la verdad, bastante puesto… Nunca he respetado un stop en la escritura (me parecería un telegrama). Prefiero no mirar ni a derecha ni a izquierda (para lo que hay que ver). Lo cierto es que escribo como un loco, en contradirección, sin hacer caso a las señales, hablando por el móvil. No uso triángulos ni chaleco reflectante. Sé que me juego el dar con mis huesos en la cárcel de los plumillas, si me caza la patrulla censora, pero no me importa. Bajo la ventanilla y escribo a todo gas. Acumular puntos no es lo mío. Soy un imprudente.

    Escribir tiene sus peligros, no crean. Sobre todo ahora que ya no se hace a mano. Según un estudio reciente del laboratorio sueco Pegasus Lab, nuestro teclado puede tener 260 veces más bacterias que un inodoro de uso diario. A veces lo que escribes te parece una porquería, la verdad. Y de alguien muy pulcro se puede decir que tiene el inodoro que se podría comer en él. La cosa se va enredando. Según el estudio, comer mientras se usa el ordenador es la principal causa de esta concentración de bacterias. Comer, escribir e ir de vientre. La cadena (quiero decir la sucesión encadenada) tiene su sentido para quien practica la escritura. Más si se hace caso de la solución que el propio laboratorio ofrece: lavarse las manos antes y después de escribir. Me haré el sueco yo también.

    De cualquier forma, para escribir, lo mejor es ser práctico. Se dice que en los años de la enconada carrera espacial, uno de los retos de la NASA fue conseguir que la falta de gravedad no afectara a la tinta de los bolígrafos. Es decir, que la tinta bajase y se pudiera escribir en el Espacio. Muchos dólares y experimentos después, lo consiguieron: ¡Eureka! Todo para orgullo de la humanidad en general, pero demostrando la superioridad tecnológica de los estadounidenses. Dicen, también, que los soviéticos siguieron llevando los clásicos lapiceros.

    Siempre he creído en aquella máxima que aseguraba que si Kafka hubiera nacido español, no le hubiese quedado otra que ser costumbrista. Lo cierto es que el bueno de Franz se me aparece cada poco. El otro día en un cartel de pared que anunciaba masajes, leí que uno de ellos se denominaba Masaje metamórfico. Qué buen argumento para una nueva versión del célebre relato. Un Gregorio Samsa tumbado en la camilla que se va convirtiendo en cucaracha a cada nuevo meneo de el/la masajista.

    El cuerpo como territorio de escritura. El sexo sería una prueba irrefutable. Pero también las arrugas, el tatuaje, las cicatrices. De una manera más indirecta el maquillaje, los piercings, el propio vestido, la máscara, el disfraz… La página en blanco tiene algo de piel y el poema algo de automutilación.

    Si me permiten extender la metáfora como un mantel o una lona. La ciudad tiene algo de cuerpo y sus paredes algo de piel, algo de párpado cerrado. Ahora los arquitectos le llaman a los revestimientos así: segunda piel. Pero volvamos a la pura pared, a su escritura. No todos los cirujanos que operan sobre ellas tienen gracia. En tiempos se descuidaba la forma por el mensaje. Aquel célebre CLORO AL CLERO, era magnífico. He visto después mucha letra imitada, modismos, escritura dependiente por mucho colorín colorado. Pero siempre destacan algunos de esos conocidos graffiteros. Aquí, en León, me interesa Dr. Hoffman más por la elección del lugar, del encuadre, casi cinematográfico, que por la imagen misma. Últimamente he descubierto otro que opera en Salamanca, se llama AMORFO y si quieren echar un ojo a su trabajo pueden hacerlo en www.latapadera.es.

 Una columna de VÍCTOR M. DÍEZ en Peatóm

Una entrevista con CHEFA ALONSO

 VÍCTOR M. DÍEZ ENTREVISTA A CHEFA ALONSO

"EL MÚSICO IMPROVISADOR ES UN NÓMADA
REAL O IMAGINARIO"

http://oidoentierra.blogsome.com/images/chefa-portada.revista.jpg

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Josefa Alonso es una vieja conocida de los músicos del ámbito leonés. Desde los años míticos de la Orquesta Polar, orquestina de baile ligada al Teatro Corsario, o el Combo de Sara, en los albores del jazz castellano-leonés. Después de más de veinticinco años, Josefa Alonso, ‘Chefa’, sigue colaborando con proyectos y agrupaciones de la ciudad de León.

Con Sin Red, cuarteto dedicado a la improvisación libre, ha recorrido festivales de España y el resto de Europa (Alemania, Inglaterra, Francia, Suiza, Austria…). En la actualidad, también está integrada en Dadájazz, otra interesante formación leonesa. Ha vivido en Madrid y en Londres, donde acaba de terminar una tesis sobre la improvisación libre que ha sido publicada en nuestro país bajo el título Improvisación libre: La composición en movimiento (Ed. Dos acordes; www.dosacordes.com); una auténtica referencia en el campo teórico de la música contemporánea.

Tus experiencias con músicos leoneses y de la región han sido, pues, muchas desde hace años hasta la actualidad… ¿Cuáles han sido y son esos encuentros?
Desde nuestra colaboración con el Teatro Corsario, en el que compusimos e interpretamos la música para A la caza del Snack y otros espectáculos teatrales hasta la actualidad, tanto los músicos de León (Ildefonso Rodríguez, Alfredo Rodríguez, Cova Villegas) como yo, coincidíamos en una búsqueda artística que iba más allá de la música e incluyó casi siempre otras disciplinas artísticas. La formación de una orquesta de baile en donde se incluían números músico-teatrales, y la combinación del trabajo jazzístico que hacíamos en el septeto Combo de Sara con proyecciones audiovisuales, fueron un buen campo de trabajo. Más tarde, en el octeto En Crudo trabajamos con música, poesía y artes plásticas. Desde hace más de cinco años, el cuarteto Sin Red, todos artistas de León, que incluyó la presencia de bailarinas en una primera etapa, trabaja la improvisación libre, combinando música y poesía, y buscando siempre la experimentación con otras disciplinas artísticas.

¿En qué situación ves a tus compañeros músicos de la ciudad?
Mis compañeros de León siguen en la experimentación artística y en la improvisación a pesar de lo difícil que resulta dar continuidad a un trabajo que no cuenta con el menor apoyo oficial. Llevamos trabajando todo el año con un nuevo espectáculo de Sin Red (Pequeñas cosas para el agua) en colaboración con dos vídeo-artistas de la Gabarra, y un compositor. Todo el equipo artístico es de León, y todavía nos ha sido imposible estrenar por falta de medios. Las promesas de producción que en un principio nos hicieron desde el Ayuntamiento han quedado, una vez más, en agua de borrajas.

Aunque de procedencia gallega, has vivido mucho tiempo en Madrid. ¿Qué proyectos desarrollaste en la capital?
En Madrid pude alternar diversas facetas de la música y de la improvisación. Formé el grupo de free jazz Akafree, con el que todavía sigo trabajando, aunque ahora es una mixtura de músicos españoles y músicos ingleses; colaboré con bailarinas durante varios años, en encuentros de improvisación libre; con la bailarina Raquel Sánchez y la violonchelista Barbara Meyer trabajé durante más de cinco años con discapacitados físicos y psíquicos; me dediqué a la enseñanza, montando y dirigiendo grupos de improvisación, como el ensemble de vientos ‘Soplathat’, o el taller de improvisación del Aula de Músicas de Madrid y compuse música para más de una docena de obras de teatro y danza. En la parte de gestión cultural, montamos la organización Musicalibre, con la que organizamos todos los años el festival Internacional de improvisación Hurta Cordel.

Después de unos años viviendo y tocando en Londres, vuelves con un libro debajo del brazo: ‘Improvisación libre. La composición en movimiento’. ¿Cómo surgió la idea y de qué trata el libro?
Yo me fui a Londres para tocar con los grandes músicos improvisadores que hay allí, y para aprender un poco de inglés. La casualidad de encontrar una Universidad inglesa (Brunel) en donde estaba incluida la improvisación y la buena suerte de recibir una beca del Ministerio de Cultura, me permitió empezar un Máster que se convirtió en Doctorado y, al mismo tiempo, en un libro sobre improvisación. En el libro hablo de lo que es y significa la improvisación libre para mí y para muchos otros músicos improvisadores y compositores. Hay una primera parte un poco más filosófica y reflexiva; una segunda parte de entrevistas y una última en la que cuento y analizo mi experiencia personal en el campo de la improvisación libre y de la composición escrita.

Háblanos un poco de tu experiencia musical en Londres.
Londres es el mejor sitio de Europa (no sé si del mundo) para la improvisación libre. Hay grandes improvisadores y bastantes locales donde se programa semanal o mensualmente improvisación libre. Los músicos ingleses son curiosos y hospitalarios y es fácil encontrar oportunidades para tocar con ellos. Desde el principio me incluyeron en la LIO (London Improviser Orchestra), me invitaron a tocar en su festival, Freedom of the city, y he podido tocar con muchos músicos. Sin embargo esta música no mueve dinero. Actualmente tengo un dúo con Tony Marsh, un batería excepcional, y un cuarteto con Veryan Weston, piano, Hannah Marshall, celo, y Javier Carmona, percusión (batería también de Akafree).

Ahora mismo, también estás implicada en el panorama improvisación en Galicia, tu tierra de origen ¿Qué es y cómo surgió la orquesta Omega? ¿Tienes esperanzas en su continuidad?
La orquesta Omega es una orquesta de unos 18 improvisadores gallegos que, como en la LIO o en la Foco (la orquesta de Musicalibre en Madrid), funciona con directores o conductores. Estos directores utilizan señales con las manos para transmitir sus ideas musicales al resto de los músicos. Esta función la estamos haciendo Pablo Rega y yo. Omega tiene algo más de un año de trayectoria y ya hemos tenido varios conciertos con una gran acogida de público y crítica. Nos reunimos una vez al mes y tocamos al menos dos veces al año en la Sala Nasa, en Santiago de Compostela. El próximo octubre actuaremos en Ferrol y en Santiago con un director invitado: Michael Fischer, director de la orquesta de improvisadores de Viena.

Una de tus facetas como música es la composición de piezas musicales para teatro ¿Qué peculiaridades tiene este tipo de trabajos frente a la que desarrollas en tus grupos?
La música para teatro tiene unos límites de duración muy marcados y una finalidad de “ambientación” que te lo da la propia obra. En mis trabajos de composición musical para obras de teatro, casi siempre he trabajado música de “género” y música popular, aunque en algunos casos también he incluido improvisación. Pero son pocos los directores de teatro que quieren trabajar con improvisación. Les parece arriesgado y no se fían de los resultados.

En tu biografía se detecta una cierta familiaridad entre los términos músico y nómada. ¿La música es movimiento?
Creo que el músico improvisador es un nómada real o imaginario. La vida, como el arte, es movimiento. Lo explico con más amplitud en mi libro.

Como instrumentista, te repartes entre la percusión y el saxo soprano ¿Cómo vives esa doble faceta?
Llevo tocando el saxo soprano más de 25 años. Me sigue fascinando; es el propio aliento convertido en música. Puedes hacer líneas y dibujos múltiples. Pero la percusión, que empecé a tocar en Cali, Colombia, ciudad donde viví en el año 1992, te da la oportunidad de bailar, de moverte, de convertirte en el elemento fundamental de la música, el ritmo. Me encanta tocar ambos instrumentos. Hace más de diez años construí una percusión, un árbol sonoro (el chefón, le llaman mis amigos) formado por varios y pequeños elementos de percusión, que es el que utilizo cuando toco improvisación libre.

 VÍCTOR M. DÍEZ

Entrevista publicada en (haz click:) Peatóm.

 Chefa Alonso

EL NOMADISMO COMO METÁFORA
Fragmentos del libro Improvisación libre, de Chefa Alonso

   “Nómada no es necesariamente alguien que se mueve: hay viajes en los cuales uno no se mueve, viajes en intensidad… Nómadas son los que empiezan nomadizándose para permanecer en el mismo sitio y liberarse de los códigos”. Gilles Deleuze

   “(…) El nomadismo intelectual o estético tiene más que ver con un posicionamiento vital, con una filosofía de la vida; a este último pertenecen los improvisadores, la improvisación, por una actividad de búsqueda, de desplazamiento, sin un territorio fijo, y también otros creadores de arte efímero”.

   “El ansia de movilidad, de cambio, de conocimiento, de nuevas experiencias, provoca los exilios voluntarios de un país a otro, de una ciudad a otra, de una actividad a otra. No hay que olvidar que la cultura occidental contemporánea es en gran parte el trabajo de personas que están “fuera de lugar”, exiliados, emigrados, expatriados y refugiados”.

    “Los artistas tienen que moverse para seguir creando”.

Chefa Alonso. Improvisación libre. La composición en movimiento.
Ed. Dos acordes. Baiona (Pontevedra), 2008.