October 27, 2008

Biobliografía

Filed under: Libros publicados

 Víctor M. Díez en aguas turbulentas

Ha publicado textos en numerosas revistas literarias como Infolios, El Signo del Gorrión, Solaria, Veneno, La Factoría Valenciana, Zurgai,  La Luna de Mérida, Hablar/Falar de poesía, 7d7, Paralelo sur, Trece trenes, etc.

Es autor de varios poemarios. Evaporado va (Ed. Provincia, León. 1996) finalista de la XII Bienal de Poesía «Provincia de León»; Cordura Abajo (Junta de Castilla y León, Valladolid. 1996) Premio Letras Jóvenes ; Circo Varado (Nómadas, Oviedo. 1999); Oído en Tierra (De la luna libros, Mérida. 2000) VI Premio «Ciudad de Mérida» de Poesía; Voz fuera de campo (Icaria, Barcelona. 2004);  Ser no representable (De la luna libros, Mérida.2004); ¡Absolved al contrabajo! (Plaquette. Escuela Superior de Arte de Mérida. 2007) y Nido no (inédito).

Además ha sido incluido en las antologías: Poetas en blanco y negro, de Amalia Iglesias (Abada, Madrid, 2006), Tengo algo de árbol, de Silvia Zayas (Intensidez, Ëvora, 2007), Diez nuevas voces de la poesía leonesa, de José Enrique Martínez (Diario de León, León, 2007), Poesía Pasión de Eduardo Moga (Libros del Innombrable, Zaragoza. 2005) y Poetas de paso de Tomás Sánchez Santiago y José Luis Puerto (Amarú, Salamanca. 2001).

Es autor del texto La Almohada de hierba, que glosa los XXV años de la Compañía Teatro Corsario, dentro del libro Teatro Corsario. Veinticinco años (Junta de Castilla y León. Consejería de Cultura y Turismo, Valladolid. 2007). También de la antología Decir casa, recopilación de poemas sobre el hecho de habitar (Trenzametal edita, Zamora. 2008).

Ha colaborado en prensa (El Mundo de Castilla y León -Suplemento de Cultura-, Tribuna de Salamanca -Suplemento cultural Batuecas y Culturas-,  La Crónica-El Mundo de León, donde durante el año 2004 escribió una columna semanal y el periódico digital Peatom.info ). Es autor o coautor de varias guías turísticas de la Editorial Anaya (León, Col, Guiarama) Guión España, Guía Viva: Castilla y León, Portugal.

Ha firmado textos en catálogos de pintura con artistas como Javier Fernández de Molina, Manuel Jular, Juan Rafael Álvarez, María Murciego, Álvaro García Miguel, Domingo Sánchez Blanco, etc.

Trabajó para la Semana Internacional de Cine de Valladolid, como redactor de la revista oficial del Festival (SEMINCI), durante siete ediciones del mismo (1998-2004).

Como poeta de acción, ha llevado a cabo frecuentes interacciones con músicos: Espejo Soñado (audiovisual, un viaje a Colombia); En Crudo, Blanca Doble… y pertenece al colectivo de improvisadores Musicalibre. Actualmente participa en la agrupación Sin Red (cuarteto de improvisación músico-poética. sinred.org ) con los que ha recorrido escenarios de toda Europa, con más de setenta puestas en escena. (Reino Unido, Suiza, Alemania, Rumanía, Austria y Francia); también en Brasil (Niteroi, Sao Paulo).

Fue responsable de la organización del ciclo de lecturas poéticas «Alzado de la ruina» (Salamanca 1996) y «Pequeñas cosas para el agua» (León 2001); del I Festival Internacional Gaudí de Improvisación (I M P R O/GAUDÍ. León 2002) de las Jornadas “A vueltas con la improvisación” (León 2003) Eventos financiados por instituciones públicas de dichas ciudades. También de la VII y VIII Ediciones del Festival Internacional de Improvisación Hurta Cordel (La Casa Encendida, Madrid 2003, 2004).

En 2005 y 2006, dirigió un Taller de Escritura Creativa auspiciado por la Universidad de León.

En la actualidad coordina el ciclo poético musical CUATRO CUARTETOS, auspiciado por la Biblioteca Pública de León.

 

October 9, 2008

Quiero contaros cómo es vivir SIN RED

SIN RED en Bucarest

Enredados sin red
Nuestro proyecto consiste en un grupo de creadores, podríamos decir que inconformistas, que hemos buscado nuevos caminos expresivos en un maridaje de música y poesía. No se trata, como puede pensarse en principio, de unos músicos que acompañan a un poeta. Mi trabajo se basa en mis propios textos, pero la lectura que hago de ellos es musical y, del mismo modo, se podría decir que el trabajo de los músicos es "poético". De todas formas nuestra peculiaridad es que funcionamos muy compenetrados como grupo. (No querría predisponer al público, diciendo que lo que hacemos es extraño, pero es indudable que buscamos esa extrañeza) Nuestra experiencia después de más de setenta actuaciones es precisamente que el público percibe algo extraño, interesante y que nunca antes había oído, salvo aquellos que asisten a festivales especializados o son músicos de una órbita similar. Pero ¿qué es lo que hacemos? "Improvisación libre". No es jazz, no es siquiera free jazz, ni música contemporánea. Es un tipo de trabajo más libre aun, sin estructuras previas, sin preacuerdos. Es una composición en tiempo real que se basa en la escucha del otro y en el hallazgo instantáneo. No se trata tanto del virtuosismo circense de: “mira lo que hacemos sin manos, sin caernos, sin mirar”…Se trata, más bien, de una búsqueda elaborada que deja de lado la rigidez de la composición previa, esa que empuja al ejecutante a ser un mero reproductor repetitivo y maquinal de un mismo material, digamos, "genérico". Pretendemos escapar de esa yugulación de “lo dado” previamente. Nuestra ruptura de las formas convencionales no es gratuita ni frívola, ni un mero epatar, (espero). Se trata, sobre todo, de ejercer un "repentismo" en el que el bagaje personal de cada "actor" del grupo emerja con naturalidad, interrelacionándose, recreándose y que sea así lo más auténtico posible el resultado final. Eso es para nosotros equilibrio sin red, pasos decididos en el borde de un abismo que nos atrae y nos produce terror por partes iguales, pero que nos hace estar vivos.
 
La telaraña
Lo que buscas aparece sin saberlo, se disfraza de casualidad. Es más cuestión de saber reconocer tu destino cuando te pasa cerca que de ser un perseverante y un activo buscador de oro, creo. Alguien o algo, una niña mendiga que te tira de la camisa, un perrillo faldero que se ensaña con tu pantalón, tu pie en un charco, una palabra en tu idioma oída (o creída oír) en un país extranjero, una mirada, una sonrisa, los sonidos cotidianos… Cualquier cosa puede ser el aviso que esperabas, el acicate que necesitas. Es un conglomerado de aspectos: lo que quieres como sin querer. Nos sentimos, al menos a mi me ocurre, más seguros ahora que no preacordamos nada antes de salir al escenario que cuando, en los primeros tiempos trazábamos una vaga estructura que casi nunca seguíamos pero que nos tranquilizaba. Las pequeñas crisis nos hacen crecer, mudamos una piel en cada gira. Todo está lleno de “aparentes” contradicciones: a menudo nos preguntan ¿Por qué ensayais si lo que hacéis se llama “improvisación libre”? Cómo explicarlo. Precisamente por eso. Es el término “ensayo” el que habría que poner en cuestión. En el imaginario común esta forma de preparación significa repetición sistemática para lograr una perfección formal que, en el mejor de los casos, ayuda al ejecutante a no estar demasiado agarrotado por la “forma” de aquello que interpreta, siendo generalmente una experiencia hacia “lo maquinal”. Para nosotros ensayo significa, por el contrario, “taller”, deshacer la madeja, salirnos de nuestras seguridades, experimentar, llevarnos a un límite inexplorado.
 
El insecto
En lo que a mí se refiere, mi instrumento son por partes iguales mi voz y mis propios textos poéticos. Ajá!, una nueva contradicción, mayor aun: “usted interpreta una partitura, se le ve en el escenario, de hecho, con un atril lleno de papeles, incluso de libros”. Los bien intencionados llegan a avisarme “verte con papeles te resta credibilidad”. Nada más lejos de la realidad. Lo que yo hago con mis textos es un auténtico trabajo de “reconstrucción” del poema. si se reescribiera lo que yo digo, redigo, retuerzo, repito, tartamudeo, arrebujo, arrastro y escupo se parecería bien poco a lo que llevo escrito. A veces pienso que sería mejor. Pero esa reescritura hablada de lo escrito vivifica lo congelado, lo estático en el papel (hay otras formas: el lector ajeno de mis poemas lo hace en su propia lectura de ellos). Se que no me beneficia ante el espectador el atril, pero no ese el tipo de beneficio o ventaja que busco cuando interpreto. Siento que soy un eje de cambio en el grupo, lo digo desde la modestia, pero mi instrumento: voz, poema y otros objetos, dan a mis compañeros, espero, la oportunidad de virar en redondo, no desde luego por mi maestría o saber, sino por la extrañeza de mi cometido en el conjunto: un actor que hace de músico con sus poesías en medio de extraños músicos. Suena raro ¿no? Hay una radicalidad en lo que hacemos que, lleguemos a donde lleguemos, sabemos ya que no es cómoda para el espectador ni para nosotros mismo. Esto nos satisface pero sin autocomplacencia. Oigo hablar últimamente, en referencia a la ópera, de música hablada y no me disgusta el término para lo que hago, aunque no soporto el engolamiento de lo operístico. Desde luego, puedo asegurar, que lo que hacemos no es música callada, tan de moda en algunos sectores de la improvisación. Me cago en el “silencio” cuando aspira a la pureza, a lo sublime, conceptos que detesto.
 

October 3, 2008

Aníbal y los cinco elefantes cruzando la Fundación Montes en Castilla

Filed under: Almanaque
Aníbal Núñez
Hoy mismo, esta tarde, en la Funadación Santiago y Segundo Montes de Valladolid, cinco amigos hablan de la poesía de Aníbal Núñez.
Cada participante: Tomás Salvador González, Ildefonso Rodríguez, Luis Javier Moreno, Tomás Salvador González y Víctor M. Díez…
ha elegido un poema del autor salmantino. Todo a las 20:00 horas.

October 2, 2008

Sobre CAMPO DE AMAPOLAS BLANCAS, de Gonzalo Hidalgo Bayal

Filed under: Libros

 

LA LLUVIA EN MURANIA

Por VÍCTOR M. DÍEZ
(Publicado en Peatom.info)

    Hacía tiempo que no caía en mis manos una novela contemporánea (española, además) que me trasportase de tal forma. Su brevedad —más parece un relato largo que una novela corta—, la justeza de su lenguaje, la exactitud y necesidad de lo contado me conmueven y excitan como lector. Campo de amapolas blanco, de Gonzalo Hidalgo Bayal, lo diré pronto, me parece oro en paño.

    Hidalgo Bayal, cacereño de 1950, es profesor de literatura en un instituto de Plasencia. Es autor de ensayos literarios como Camino de Jotán (1994) y Equidistancias (1997). También es autor de varias novelas, como Mísera fue, señora, la osadía (1988), El cerco oblicuo (1993) o Amad a la dama (2002). Pero, sin duda, es su anterior novela Paradoja del interventor su obra cumbre y la que le ha dado a conocer ante el gran público.

    Campo de amapolas blancas, su última entrega, desgrana la memoria de una amistad entre dos jóvenes antitéticos, sin concesiones ni autocomplacencia. Desde el primer capítulo, de los 15 en que se divide, su autor renuncia expresamente a los artificios que tan frecuentemente utilizan los novelistas para recrear el pasado.

    La pseudo-exactitud y falsa minuciosidad en los detalles que solemos llamar verosimilitud nos aleja de la verdad, esa llena de lagunas, olvidos, visiones borrosas, dudas, personajes espectrales… Parece confiarnos el autor. Pero, en sus palabras,"no ha de entenderse lo que sigue, sin embargo, como un ejercicio inofensivo de recuperación, sino que ha de considerarse esa dificultad añadida a la empresa que acometo, a saber, la ilustración de cómo toda amistad genera su patología".

    El poder de este relato radica en su habilidad para esbozar, por contención, un retrato generacional con una desnudez conmovedora. Para ser arquetípica sin caer en los tópicos, jugando con la realidad de una época trufada de ellos, en lo que tienen las décadas de los 60, 70 (de una manera señalada en nuestro país) de mitomanía y de descubrimiento de la vida, de la libertad. De una generación que despierta al mundo, de unos adolescentes que se arrojan a él de formas bien diferentes, pero siempre entregadas.

    Qué difícil, la literatura dentro de la literatura como leit motiv, sin resultar cargante. Los beatles, el existencialismo, los míticos viajes a París, el cine, las drogas… Todo con una naturalidad que le confiere un tono ajeno a lo sentimentaloide, sin dejar de lado los sentimientos y de lo intelectualoide sin aparcar una apasionada inmersión en la cultura del siglo XX. Luis Landero, que lo define como ironía, lo cuenta muy bien en su magnífico epílogo: "Cuando digo que [el tono] es irónico, quiero decir que es poderoso. Yo tengo la sensación de lector de que Gonzalo rehuye sistemáticamente, poderosamente, el encuentro frontal con las emociones. Prefiere dar un rodeo intelectual, pero como yo creo que el tono intelectual tampoco le convence del todo, al final usa la ironía para defenderse de la tentación intelectual y de la tentación sentimental. Esa ironía que serpentea entre los sentimientos y la razón, sin entregarse nunca a ellos, es parte esencial del estilo inconfundible de Gonzalo".

    Y ese personaje crepuscular, monocorde, una figura al fondo del relato, (un guardia civil cansado, desposeído, enfermo de vivir, que es padre de uno de los protagonistas) se convierte en el tono enfermizo, moribundo del mismo. La búsqueda fracasada de la felicidad, la pérdida de la juventud, incluso de la vida, suenan al fondo como un contrabajo desafinado. Esto es lo que fue, esto lo que queda de aquella promesa.

    Los dos protagonistas se reparten el tablero. Uno es el relatado y otro el relator. Blanco y negro como el cine antiguo, como el ajedrez. En los tiempos en que una era de Paul o de John, de los Beatles o de los Rollings, de Keaton o de Chaplin, de Fischer o de Boris Spassky. En el alegato final, afirma el superviviente de la pareja protagonista, cuyo nombre desconocemos: "A mí me quedan los eslabones del tiempo en la memoria: la espinela, los tribunos de la plebe, la naúsea, ay, infelice, Butch Cassidy and Sundance Kid, das Ewigweibliche, la mansarda de Les Halles, Charlie Parker, Lucy in Sky whit Diamonds, el sueño de la script, una sonrisa triste y bondadosa y la persistencia plural de la lluvia, la lluvia que se esconde en las palabras y los libros, la lluvia que azota la ciudad y las ventanas, la lluvia que cae sobre el olvido y la ceniza. Por mi parte, he contemplado campos de fresas, de trigo y de algodón, oigo a veces el sonido compacto de Starawberry fields forever, he sabido de campos de batalla, magnéticos y santos, pero por más que miro a los lados de la carretera cuando viajo en coche por tierras de murgaños, aun no he encontrado campos de amapolas blancas".

    El otro personaje principal es nombrado como H, una letra muda para un hombre sin sonido. H, lo mismo que se puede leer en algunos excusados de los establecimientos hosteleros (H de hombre), el que creyó en la maravilla de la vida y se fue por el desagüe. Lo cierto es que después de leer Campo de amapolas blancas, lo he visto sobre la mesa como un traje prestado que ajustaba a la perfección a algunos figuras que conocí, que conocimos… Pruebo y ajustan esos nombres, escribí en un poema hace tiempo. Gracias por esta ropa de muerto, por este traje prestado. Tanto en tan poco.

FICHA DEL LIBRO:
Campo de amapolas blancas

Gonzalo Hidalgo Bayal
Tusquets Editores. Mayo 2008
Col. Andanzas. 109 pags
Epílogo de Luis Landero

 

October 1, 2008

BUCAREST en otoño

Bucarest, y al fondo el palacio de CeaucescuAcabo de llegar de Bucarest, amigos.
Una pirueta de músicos de allí que habían conocido nuestro trabajo, les llevó a solicitar al Cervantes nuestra presencia. SIN RED empieza a ser un grupo de peso en la improviscaión internacional. No es mía la frase. Bucarest una ciudad extraña. Entre su pasado comunista (el superpalacio de Ceaucescu impresiona por su megalomanía. El segundo edificio más grande después del Pentágono).
El viejo aprovechó su locura y el gran terremoto de 1977 para barrer parte —gran parte de la ciudad— para construir el monstruo.
La gente te lo enseña a regañadientes. Aquella operación de desalojo dejó infinidad de perros abandonados que se organizan en jaurías callejeras. "Los perros aquí son más peligrosos que las personas", según el director del Cervantes, Joaquín Garrigós. Y su pasado precomunista de entreguerras: La París del Este.
Nosotros hemos tenido la suerte de caer en manos de un verdadero ángel de la guarda: Alina Cantacuccino (seguro que lo escribo mal). Qué mujer. Culta, bella, simpática, con criterio… una verdadera pasada de interlocutora que ya consideramos una verdadera amiga.
Max BlecherEl director del Cervantes, Joaquín, que parece buen paisano, y es traductor del Rumano desde hace años, nos presenta a un autor de la tierra que nos deja "contra la pared". Es una edición que ha traducido él mismo (y suena muy bien, os lo recomiendo) "Cuerpo transparente" de Max Blecher, en Ed. La Rosa Cúbica. De verdad, especial.
Un librito muy breve que recoge toda su brevísima obra poética. Esta condensa su obra en prosa, en la que destaca: "La guarida iluminada" y "Acontecimientos de la irrealidad inmediata".
"Al referirse a la poesía, Max Blecher hablaba del valor corporal de las palabras. En su obra, éstas ya no son complejos sonoros que denominan objetos, sino que ellas mismas se transforman en objetos", según Gheorghe Glodeanu.
Promete el asunto, os adjunto un par de poemas:

 

ETERNIDAD

Los pasos conocen nuestro abismo

El cuerpo pasea nuestro cielo

La tormenta va dejando pedazos de carne

Cada vez más difusa cada vez más lejana

Hay un principio azul

En este paisaje terrestre

Y otro vindicador

Como un dedo amputado

Tan sólo ves un mujer dando vueltas

Como un huso

Y copiando su delta

En la delta de las aguas.

 

 

PASEO MARINO

 

La sangre de los mares circula roja por los corales

El corazón profundo del agua retumba en mis oídos

Estoy en el fondo del cielo de las olas

En los sótanos de las aguas profundas

A la luz asesinada del cristal fúnebre

Peces menudos como juguetes de platino

Recorren mi pelo que ondea

Peces grandes como jaurías de perros

Sorben con avidez las aguas. Estoy solo

Levanto el brazo y compruebo su peso líquido

Pienso en una rueda dentada, en una palmera

En vano intento silbar

Es como si atravesara la masa de una melancolía

Y como siempre hubiera sido así

A medias hermoso y a medias triste. 

América, años 30. Pretérito y futuro tan actual

Filed under: Citas

 http://oidoentierra.blogsome.com/images/estados-unidos.gif

Estados Unidos de América

Trópico de capricornio, HENRY MILLER

 

El sistema entero estaba tan podrido, era tan inhumano, tan asqueroso, tan irremediablemente corrompido y complicado, que habría hecho falta un genio para darle un poco de sentido o poner orden en él, por no hablar de bondad o consideración humana. Yo estaba contra todo el sistema laboral americano, que está podrido por ambos extremos. Era la quinta rueda del vagón y ninguno de los dos bandos me utilizaba sino para explotarme. De hecho, todo el mundo se veía explotado: el presidente y su cuadrilla por los poderes invisibles, los empleados por los ejecutivos, y así sucesivamente y por turno, sin parar de cabo a rabo de la compañía. Desde mi perchita en "Sunset Place", podía observar a vista de pájaro toda la sociedad americana. Era como una página de la guía de teléfonos. Alfabética, numérica, estadísticamente, tenía sentido. Pero, cuando la mirabas de cerca, cuando examinabas las páginas por separado, o las partes por separado, cuando examinabas a un sólo individuo y lo que constituía, el aire que respiraba, la vida que llevaba, los riesgos que corría, veías algo tan inmundo y degradante, tan bajo, tan miserable, tan absolutamente desesperante y sin sentido, que era peor que mirar dentro de un volcán. Podías ver la vida americana en conjunto: económica, política, moral, espiritual, artística, estadística, patológicamente. Parecía un gran chancro en un picha gastada. En realidad, parecía algo peor que eso, porque ya ni siquiera podías ver algo que pareciese una picha. Quizá en el pasado aquello hubiera tenido vida, hubiese producido algo, hubiera proporcionado por lo menos un momento de placer, un estremecimiento momentáneo. Pero, al mirarlo desde donde estaba yo sentado, parecía más podrido que el queso más agusanado. Lo asombroso era que su hedor no los matara… Uso los tiempos de pretérito constantemente, pero, desde luego, ahora es lo mismo, quizá peor incluso. Por lo menos, ahora sentimos todo el hedor.