
Y SIN EMBARGO
AQUÍ ESTAS TÚ
DONDE LAS DERROTAS LO CURAN TODO
CON LA ESCUETA ALEGRÍA
DE ESTOS PAJAROS DE TINTA
http://blogpw.karlotti.eu/
http://www.myblog.es/karlotti
Ame o pobo o bo poema


Poesiah ah ah!
~ ~ ~
¡OJO!
Con sólo hacer un click puedes:
~ ~ ~
FUE SÁBADO
Vm10

Se puede acceder a dos viejos artículos de Vm10 sobre JOSÉ-MIGUEL ULLÁN, a propósito de la presentación de ‘Ondulaciones’, en Peatóm (haz click):

ESTA MAÑANA
he ido a Correos
con toda la noche
en una discreta caja.
He puesto sellos de urgencia
y se la he enviado al diablo.
(él llena a veces mi almohada de
agujas y chinches)
~ ~ ~
Creo que soy demasiado viejo para madurar,
lo cual me tranquiliza.
No es que a mi edad tenga muchas ganas de vivir,
pero, ¡estoy acostumbrado!
~ ~ ~
JUAN CARLOS VALLE ‘Karlotti’ nació por primera vez en Maside.~ ~ ~

COMO NOS LA TOCÁBAMOS AYER…

(Happy dei)

Las hojas vivas (Escolio)
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Una pulsión de narrador y de viajero amamanta al que sueña. El que se despide deja una nota “Carga leche y ladrillos es el Shadow Waltz”. No tengas miedo a decir. Ni a tu doble, ni al espectro que dejas sentado ahí, o te acompaña en los trenes y siempre elige ventanilla para ollar la ribera opuesta. Los pies dentro del río activan la memoria de lo derruido, como señal de la que está siempre cayendo. Un mundo en destrucción. Y una alegría en el miedo. No lo que es, lo que está siendo. No lo que fue, lo que se está yendo. Un vibrato la voz, un sedal de pesca vibrando, la imagen temblando en el sueño. Un duermevela del vigía; del fumador que sentado no puede estar, que pasea de aquí para allá. Libre volador que parece encerrado porque ha creado su mundo y ahora se asfixia porque es perfecto. Él, lo querría más ancho, menos firme, más de otro, más adentro.
Tengo al otro en la palma de la mano y me siento culpable cuando la cierro. Pero no sé de qué, si de aplastarle o de que se me haya escapado. Ese soy yo, el deseoso, eterno insatisfecho, amante de las liturgias, que me niego cuando me expreso y me reivindico cuando me pierdo. El laberinto está en mí, pero en mi menor. Ese soy yo, soy tú, el que vendimió y regresó sucio de poemas en la vuelta. El perverso polimorfo que muestra sus juguetes a las niñas, el Hombre de los caramelos, que tenía un almacén lleno de ellos. El que escribe poemas en prosa. El que escribe al trán trán. El que tiene gatos que le miran, el que tocó el diván de Freud cuando creyó que nadie le miraba.
Finalmente el viaje era en redondo, el mundo un palomar, en que la colección de lo visto y lo oído zurea como las voces de los otros en la siesta. La casa es fresca y umbría, ¡Ay!, es caliente y fría. La casa es disfraz, es desliz. El baúl está lleno de esos disfraces que nadie reconocería, como tus trajes abstractos o concretos. El de tuno, el de músico de banda… Pero qué digo yo: eso no son disfraces, son uniformes. “Se le vio…” en la casa de lenocinio, en las carbonerías, en las puertas entreabiertas de los remendadores de cosas, a los que saluda como uno más del gremio. Sus poemas restañen, son remiendo. Y no discutiremos por un quítame allá esas prosas. Un diálogo de cañas en el club de jazz o una conversación de pajas en la era. Agrimensor surrealista, pedagogo de escuela presocrática. ¿Tú mides o no mides? Qué preguntan ahora los niñatos. Esta es mi letra de canción para el que esconde y es visible la guitarra.
El corazón es un medio. Una barca que surca lo común: las casas de estudiantes, los locales de ensayo, las redacciones de revista en las cocinas. Lo común es propio, propio de un tiempo. Escribir en un piano a cuatro manos. Tomar de esto y de aquello, volver al colinón. El escritor automático, el proto-secretario, el niño al que se le daban las redacciones. Todos están ahí condensados en la gota sobre el cartoncito, me la tomo y leo.
Víctor M. Díez