January 20, 2009

DOCTOR EN ALASKA, una columna de opinión publicada en 2004

Doctor en Alaska
~ DICIÉNDOLO DE NUEVO ~

"Doctor en Alaska"


Por VÍCTOR M. DÍEZ
(Este texto se publicó en su día como columna de opinión,
en las páginas de La Crónica de León, en 2004)

No he podido evitar dejarme llevar por la libre asociación de ideas, siendo el año Dalí,  a la vista de la presentación del primer proyecto del Musac: “Arquitectura efímera”. Y así, relacionar el apellido de su director, Rafael Doctor, con el nombre de la carismática líder de Fangoria, Alaska. Elegidos ellos para acoger, en su nuevo disco, el trabajo de varios artistas plásticos, en formato de vídeo. De la unión de ambos, el título de aquella mítica serie de televisión de la que seguro ustedes guardan memoria: Doctor en Alaska.

   Si lo recuerdan, en la serie, un joven neoyorkino nada sobrado de recursos es becado por una institución privada para acabar sus estudios de medicina. Como contrapartida, el Doctor Fleischmann deberá ejercer durante unos años como médico en una pequeña localidad, según le dicen, de la Costa azul. Cuando se dispone a cumplir su parte del trato vestido con bermudas, camisa hawaiana y gafas de sol, se entera de que Cicely, es un diminuto pueblo de la Costa azul, pero de Alaska. El lugar es de lo más surrealista, hace un frío que pela, los alces cruzan por el medio del pueblo que fue fundado por un ex-astronauta con pinta de jugador de béisbol, el taxi es una avioneta, el locutor de la radio local habla de Kant y de Walter Benjamín en sus alocuciones, la enfermera es una mujer india con muy malas pulgas que no admite consejos… En fin, frío y alucinación, para un Doctor Fleischmann que no sale de su estado de shock.

    La misma cara que le vemos al señor Rafael Doctor esas pocas veces que se cae por León. Me le imagino cruzando el puente de los leones, hablando con la Consejera de Cultura o, quizás, con nuestro ínclito Concejal de ídem. Doctor en Alaska sería una buena metáfora para su situación, deberían reponerla en las televisiones locales. No quiero opinar sobre este trabajo en concreto, no quiero criticar algo que no hemos podido ver aún (hablaremos más adelante). Ni siquiera creo que, estratégicamente, convenga ponerse en contra de iniciativas de carácter contemporáneo, precisamente quienes las reclamamos todos los días. Bastante “tocino” cultural tenemos ya a nuestro alrededor, para cometer el error de rechazar iniciativas de apertura. No obstante, creo que el director del Musac y su equipo deberían empezar a ser conscientes de que el azar les ha hecho caer aquí, en esta ciudad fría y surrealista del noroeste glaciar, una Alaska a escala. Y asumir su situación con inteligencia. Quitándose, de momento, los zancos sobre los que cruzan las Eras de Renueva y, renovar ellos también, esa actitud de “modernitos madrileños” a los que les han dado parcela en provincias para, si lo hacen bien, conseguirles algo mejor en un lugar donde los pingüinos no anden por la calle principal. Aquí también hay cosas interesantes que conocer, Doctor.

September 21, 2008

La escritura araña

 La columna de Víctor M. Díez

La escritura araña 

    Escribo sin carnet, a toda velocidad, sin respetar el código y, la verdad, bastante puesto… Nunca he respetado un stop en la escritura (me parecería un telegrama). Prefiero no mirar ni a derecha ni a izquierda (para lo que hay que ver). Lo cierto es que escribo como un loco, en contradirección, sin hacer caso a las señales, hablando por el móvil. No uso triángulos ni chaleco reflectante. Sé que me juego el dar con mis huesos en la cárcel de los plumillas, si me caza la patrulla censora, pero no me importa. Bajo la ventanilla y escribo a todo gas. Acumular puntos no es lo mío. Soy un imprudente.

    Escribir tiene sus peligros, no crean. Sobre todo ahora que ya no se hace a mano. Según un estudio reciente del laboratorio sueco Pegasus Lab, nuestro teclado puede tener 260 veces más bacterias que un inodoro de uso diario. A veces lo que escribes te parece una porquería, la verdad. Y de alguien muy pulcro se puede decir que tiene el inodoro que se podría comer en él. La cosa se va enredando. Según el estudio, comer mientras se usa el ordenador es la principal causa de esta concentración de bacterias. Comer, escribir e ir de vientre. La cadena (quiero decir la sucesión encadenada) tiene su sentido para quien practica la escritura. Más si se hace caso de la solución que el propio laboratorio ofrece: lavarse las manos antes y después de escribir. Me haré el sueco yo también.

    De cualquier forma, para escribir, lo mejor es ser práctico. Se dice que en los años de la enconada carrera espacial, uno de los retos de la NASA fue conseguir que la falta de gravedad no afectara a la tinta de los bolígrafos. Es decir, que la tinta bajase y se pudiera escribir en el Espacio. Muchos dólares y experimentos después, lo consiguieron: ¡Eureka! Todo para orgullo de la humanidad en general, pero demostrando la superioridad tecnológica de los estadounidenses. Dicen, también, que los soviéticos siguieron llevando los clásicos lapiceros.

    Siempre he creído en aquella máxima que aseguraba que si Kafka hubiera nacido español, no le hubiese quedado otra que ser costumbrista. Lo cierto es que el bueno de Franz se me aparece cada poco. El otro día en un cartel de pared que anunciaba masajes, leí que uno de ellos se denominaba Masaje metamórfico. Qué buen argumento para una nueva versión del célebre relato. Un Gregorio Samsa tumbado en la camilla que se va convirtiendo en cucaracha a cada nuevo meneo de el/la masajista.

    El cuerpo como territorio de escritura. El sexo sería una prueba irrefutable. Pero también las arrugas, el tatuaje, las cicatrices. De una manera más indirecta el maquillaje, los piercings, el propio vestido, la máscara, el disfraz… La página en blanco tiene algo de piel y el poema algo de automutilación.

    Si me permiten extender la metáfora como un mantel o una lona. La ciudad tiene algo de cuerpo y sus paredes algo de piel, algo de párpado cerrado. Ahora los arquitectos le llaman a los revestimientos así: segunda piel. Pero volvamos a la pura pared, a su escritura. No todos los cirujanos que operan sobre ellas tienen gracia. En tiempos se descuidaba la forma por el mensaje. Aquel célebre CLORO AL CLERO, era magnífico. He visto después mucha letra imitada, modismos, escritura dependiente por mucho colorín colorado. Pero siempre destacan algunos de esos conocidos graffiteros. Aquí, en León, me interesa Dr. Hoffman más por la elección del lugar, del encuadre, casi cinematográfico, que por la imagen misma. Últimamente he descubierto otro que opera en Salamanca, se llama AMORFO y si quieren echar un ojo a su trabajo pueden hacerlo en www.latapadera.es.

 Una columna de VÍCTOR M. DÍEZ en Peatóm